*Presentando su nuevo disco "The Red Empire Orchestra"*
Anticipada: 18,00 e (Kafe Antzokia, Power records, kafeantzokia.com). Taquilla: 20,00 e
Micah P. Hinson nació en el seno de una estricta familia con férreas convicciones religiosas en Memphis, ciudad donde vivió hasta que se trasladaron a la localidad tejana Abilene cuando Hinson era un adolescente.[2] En esta ciudad daría sus primeros pasos en la música y viviría una relación sentimental con una ex modelo y viuda del guitarrista de un grupo local llamado Tripping Daisy que era varios años mayor que él. La «viuda negra», como más tarde la calificaría Hinson, le introdujo en el consumo de valium y otras drogas, llegando a pasar una temporada en la cárcel en la primavera de 2000 acusado de falsificar recetas de medicamentos. Hinson declararía recordando esa época: «Terminé por perder mi coche, mi hogar, todo mi dinero, mis instrumentos, mi equipo de grabación, y principalmente, a mi familia entera».
Se dio a conocer a finales de 2004 cuando sólo contaba con 23 años con su primer álbum titulado Micah P. Hinson and the Gospel of Progress. El disco obtuvo el beneplácito de la crítica y fue incluido en los primeros puestos de las listas de «los mejores discos del año» por varios medios de comunicación.
THE RED EMPIRE OECHESTRA
El difícil tercer disco. ¿Un tópico o una leyenda urbana? Tú decides, pero lo cierto es que en ese pozo se han ahogado muchos grupos. Por citar dos ejemplos notorios: The Strokes con "First Impressions Of Earth", y Oasis y su "Be Here Now". Pero el más intrépido de los cantautores residentes en Abilene (Texas) no va a formar parte de esa lista. Su nuevo trabajo, "Micah P. Hinson And The Red Empire Orchestra" es una versión mejorada de sí mismo, una licuadora extraordinaria que ha recogido los (muchos) logros de sus dos largos anteriores y los ha convertido en zumo exquisito.
Cuando hablamos de Anari hablamos de una de las voces más personales que ha dado el rock en Euskadi en los últimos años. Su trabajo más reciente es "Zebra" (Metak 2005). En ocasiones, para borrar cicatrices, es necesario reabrirlas. En este “Zebra”, Anari, echando mano de inspiradas metáforas, con la fuerza y consistencia del que ha sabido sacar conclusiones, del que ha crecido y por fin se siente fuerte para dejar atrás el pesado lastre, escupe accidentes y puntos de sutura, lágrimas secas que todavía salan el rostro, pesadillas, arrinconadas pero no superadas. Con el timbre sereno pero emocionado, desgarrado pero nunca roto, en su disco más rotundamente rock, bajo un telón oscuro e infinito, Anari canta de reforzarse ante las adversidades, de afrontarlas decidido, de correr con fe ciega hacia el muro, de chocar, sangrar, y ascender. Consolidada pero nunca acomodada, escoltada por una sólida banda que hace más llevadero el invierno, Anari entrega un trabajo plagado de aristas, decidido, crudo y difícil. Inolvidable. Como todas las despedidas. Como todas las entregas de esta mayúscula artista.
Con menos alboroto, sangre y vísceras, con una capacidad de reflexión y conexión con la historia más elevada. Templando el nervio. Usando las posibilidades del estudio más a lo largo y lo ancho, arriesgándose sin complejos -con esos instrumentales que se buscan más por dentro que por fuera, como “The Fire Came Up To My Knees”, digna de unos Lambchop dopados en las sesiones de "Is A Woman"-. Mostrando que ha madurado y que los vaivenes sentimentales que le han acompañado estos años, tras cicatrizar, han dejado un buen poso. Porque en “A Sunset Without You” nos visita un contador de historias tan convincente que parece el John Prine del siglo XXI. Y en “You Ain't Callin' The Shots” ese mismo joven se pone el traje de Booker T. And The MGs para situarse más cerca de Roy Orbison que nunca. Así de crecido (en el buen sentido) nos llega este Micah. Con un apunte: todo este neoclasicismo no deja de transmitir, en ningún momento, la sensación de ser música parida por alguien que anda por una senda alternativa y regido por sus propias leyes. Será por eso que “The Wishing Well And The Willow Tree” acaba de golpe, justo en el momento en que Sufjan Stevens la habría hecho volar. Anarquía. En el apartado de himnos, “Diyin' Alone” se postula como candidata para entrar, por la parte de arriba, en esa lista suya de canciones-que-vamos-a-llorar-todos-juntos-en-sus-conciertos. Un vals, el molde en el que se siente más cómodo, con la sustancia vital del Willie Nelson de "Spirit", aquel estupendo álbum que el veterano cantante de country se marcó en 1996. Comparar a un veinteañero con ese disco son palabras muy mayores. Pues Micah ya ha llegado a ese punto de excelencia.